Se ha planteado un pequeño revuelo con el tema de la edad pediátrica. El nuevo plan incide en que los niños, a nivel hospitalario, seguirán bajo la cobertura de los servicios infantiles hasta los 18 años. Y curiosamente en este tema no parece que existan muchas discrepancias y menos en los procesos crónicos de la infancia que precisan un seguimiento por especialidades de segundo o tercer nivel.
Donde no existe consenso es en la atención extrahospitalaria. Por un lado la AEP se inclina por ampliar la edad de la atención al tiempo que reclama más pediatras para poder abordarlo y por el otro las tres sociedades de médicos de primaria que se posicionan en contra.
Yo me posiciono con los segundos en líneas generales. Al igual que creo que para un adolescente de 16 años le puede resultar traumático estar ingresado en un servicio hospitalario de adultos y prefiera continuar con sus referentes habituales en el hospital, también creo que no le hará ninguna gracia a los jóvenes de hoy día, con 16 tacos, estar en una salita de espera con dibujitos acordes a la edad infantil y en un entorno en el que chirrían como un pulpo en un garaje. Todo ello al margen de la capacidad de unos y otros (pediatras y médicos de familia) de asumir con total garantía la atención sanitaria de estos jóvenes.
Pero, ¿que tal si les dejamos decidir a ellos? El adolescente que quiera seguir con su pediatra por los motivos que sean, que lo haga y el que se sienta fuera de lugar en una consulta de pediatría que se pase al médico de la familia. Eso si, papas, calladitos y no ejercer de papas sabelotodos porque entonces hablan los papas y no los adolescentes.
Aunque también podemos usar esta solución mágica Si quieres ir al pediatra te tomas una botella de Evian y ya estás tuneado adecuadamente para el ambiente de la sala de espera de la pediatría