Aquellos tiempos del cuplé: Del chiringuito del Sintrom al autocontrol

A uno le tocó liderar, hace muchos años, la creación de la primera consulta de A.P. en Bilbao para llevar a los pacientes anticoagulados.
Recuerdo ahora, con el sosiego de la distancia, las cosas que tuvimos que oír por tener oídos. El control de estos pacientes por los médicos de A.P. iba a suponer una hecatombe para los pacientes anticoagulados y el número de eventos de sangrados mayores y tromboembólicos iban a batir todos los récords habidos y por haber.
Las cosas por fortuna (y por la insistencia y pesadez de algunos) se han reconducido y hoy estos controles forman parte de nuestra actividad rutinaria.
Ahora llega el siguiente paso: El autocontrol de los propios pacientes
Cuando veo estos cursos evolutivos de situaciones que me han tocado vivir de cerca, me doy cuenta que 35 años de trabajo dan para mucho y que soy ya como el abuelo porretas contando las cosas de «aquellos tiempos del cuplé» que a los jóvenes les sonará a los tiempos de maricastaña. Pero que no se les olvide a estos jóvenes, que nada de lo que hoy es realidad en A.P. nos lo han regalado por bobilisbobilis. Detrás están algunos abuelos porretas, y nos tan abuelos, que se lo han currado, reclamando para la Primaria el papel que creen debe desarrollar.
Otra cosa, por desgracia, es que a veces, por proponerlo o hacerlo, te miren como el provocador del disconfort. «Con lo «agustito» que yo estaba y ahora me meten este nuevo rollo». ¿Os suena?

Y todo esto cuando parece que los nuevos NACOs le están marcando el tiempo que le queda al bueno del Sintrom. Es el círculo de la mejora continua. Cuando estás a punto de cerrar un circulo te tienes que apuntar a uno nuevo.

Es para que no nos aburramos y un buen método para prevenir el deterioro de la memoria asociado a la edad.

¿Empoderados o dependientes?

Me debato en la duda sobre cómo hay que conseguir que los pacientes sean más responsables de sus propios procesos, sean capaces de solucionar las cosas sencillas sin tener que depender del sistema sanitario para todo.

Y la reflexión me la he planteado al conocer que en España, aunque el invento no es nuevo y ya existe en otros países como Holanda, se han creado una oferta de negocio en salud consistente en «matronas a domicilio». Dos empresas, Maternitas y Natalis, han detectado que existe una demanda social que precisa de ayuda en los primeros días tras el parto para que te apoyen, aclaren e informen sobre el qué y cómo hacer con los bebés. Claro que barato, lo que se dice barato no lo es. Las visitas son aproximadamente de tres horas diarias en el domicilio familiar, y se prolongan durante tres, cinco o siete días, dependiendo lo que cada cliente prefiera. Y el servicio de cuidados postparto en el hogar ronda los 500 euros.

Y aquí mis dudas:

¿Este tipo de ofertas «empoderan» a los pacientes o los hacen más dependientes del sistema?. Nuestras madres, y no te cuento nuestras abuelas, ¿estaban “superempoderadas” o vivían en el riego más absoluto?

¿Dónde está ese punto de equilibrio? Si les ponemos un teléfono, 24 horas al día,  para aclarar dudas sobre su salud, les estamos ayudando a autogestionar sus problemas o les estamos haciendo dependientes del teléfono de marras?

Supongo y espero que los sistemas a los que hago referencia realicen estudios sobre los motivos de consulta, si estas dudas y los consejos de salud que se les proporcionan, logran que el paciente pueda gestionar mejor su salud y enfocar adecuadamente sus demandas o por el contrario les convierten en dependientes totales que no son capaces de tomar decisiones sin consultarlas

El otro aspecto de duda es el que se refiere a la ley de los cuidados inversos. A 500€ de vellón, está claro el nivel social que va a demandar los servicios. A las madres con “servicios” les ofertamos más servicios y las que no disponen de esos “posibles” les dejamos con las dudas, con el agravio comparativo y con una sensación de angustia y luego, así pasa lo que pasa.

Se puede pensar, con resignación, que la sociedad actual, liberal y de mercado, es así. Que el que tiene dinero consume servicios y el que no lo tiene es un mero observador de cómo los ricos los consumen. Yo prefiero pensar que es un reajuste social del sistema. Los ricos se acabaran volviendo gilipollas y los menos ricos serán capaces de sobrevivir en este sistema injusto. Lo malo es que cuando los ricos se extingan por «tontos», los “otros” ocuparan su lugar y repetirán sus mismos errores.