No se como se presentará el 2014. La verdad, no espero nada. Me temo que me espera un año duro. Tengo la sensación de haberme levantado este 2014 con el pié izquierdo.
Y ante este panorama, y los retos que se nos avecinan, es probable que uno se vea avocado a manifestar en más de una ocasión su desacuerdo.
Si lo hago, algunos pensarán que estoy contribuyendo con ello a mejorar la sanidad de mi país pero serán los menos y probablemente serán amigos y conocidos en la red (un, dos, tres, responda otra vez). Los otros, la gran mayoría, en especial los de los cargos con cargo, apunto y disparo, pensaran que soy un desleal.
Si ello se produce, a pesar de mis deseos de contención absoluta, quiero recordar que ya hubo hubo quién pensó en esta circunstancia y lo dejó claro
«No debemos confundir el desacuerdo con la falta de lealtad»
(Edward R. Murrow)
Este post está dedicado a aquellos pocos que piensan sobre el particular: «dicen las malas lenguas que su capacidad de liderazgo nos conduce a los demás a la desobediencia y digo yo que más les valdría a esos maledicentes aprovecharse de ese liderazgo…»







