Como no sabían que era imposible, lo hicieron

Como no sabían que era imposible, lo hicieron … pero …
Ya se sabe que esto de la informática aplicada al trabajo cotidiano, transcurre de forma similar a una carrera de obstáculos en su versión más sado y más heavy que a uno se le pueda ocurrir. De entrada, siempre la respuesta es que eso es muy difícil, casi imposible, luego es posible pero incompatible con tu hardware y tu software, luego es compatible pero no es prioritario, luego es prioritario pero hay muchas otras cosas que lo son y luego, por fin, te toca el turno y se hace sin consultar ni a dios ni al diablo.
Hoy nos hemos llevado una alegría inmensa. Por fin desaparecen las recetas de estupefacientes. Iba yo por mi cuarta cerveza, a propósito de la celebración, cuando un colega con voz entrecortada me mira y me dice ¿Estás seguro?
¡Que si, léelo tu mismo!

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Y claro, hay excepciones, pero que una excepción no nos amargue el subidón. Total, tarde pero seguro, al fin, y tras adelantarse Andalucía en el tema, hemos conseguido algo que llevábamos mucho tiempo pidiendo.
Está claro, clarinete, lo que dice la norma:


Artículo 6. Especificaciones de la receta oficial de estupefacientes en el Sistema Nacional de Salud


4. Asimismo, las recetas médicas del Sistema Nacional de Salud emitidas en soporte electrónico tendrán la consideración de recetas oficiales de estupefacientes cuando estén identificadas con el nombre de «Receta Oficial de Estupefacientes», o bien los sistemas informáticos que las soportan identifiquen como tales a los medicamentos prescritos.
Y ¿como traducimos este concepto? Pues con esta decisión:
Lo he leído varias veces y no lo entiendo. Pone «se extenderán en un nuevo formato EN PAPEL«
Lo habré leído mal, seguro, o lo leo bien pero no lo entiendo, eso va a ser. Porque en caso contrario me parece que para este viaje no necesitamos estas alforjas.

Que alguien me aclare cómo una receta médica en soporte electrónico acaba siendo de papel.

Orden PRE/2436/2013, de 26 de diciembre

Real Decreto 1675/2012, de 14 de diciembre

Del SUPRE a la e-receta pasando por el Gólgota

Por fin la e-receta ha venido. Pero en esta ocasión, algunos si sabemos como ha sido.
Hoy es el primer día del resto de los días que no quedan por vivir y parece que los viviremos con la receta electrónica.
Los usuarios de Derio y de Abechucho van a ser los primeros en disfrutar, o padecer, el avance de la tecnología puesta al servicio del paciente.
El despliegue ha sido acompañado con una información bastante completa en la web de Osarean. Información completa y bien elaborada. Esta vez si que está en el sitio que debe estar. En la parte destinada a la ciudadanía.
Me congratulo por ello y espero que el despliegue coja buen ritmo y lo podamos ver antes de jubilarnos.
La e-receta como se expresa de forma gráfica en los dibujos que acompañan al despliegue de la información, va a suponer el lazo de unión virtual entre los prescriptores, los dispensadores y los pacientes
Pero en situaciones como la actual en la que parece que el optimismo se desborda por haber alcanzado un objetivo, es bueno recordar lo pasado para, sobre todo, no incidir en los mismos errores y para reconocer (jo, que difícil debe ser conjugar este verbo) la labor de quien ha realizado un (gran) esfuerzo.
Han identificado a los prescriptores con este dibujito


En el se puede apreciar la sonrisa entre bobalicona y sardónica que tenemos los médicos en relación a esta historia.
Porque el SUPRE (o SUFRE, según la fuente que se consulte) ha sido como la conquista del Everest.
En esta historia se han confabulado, en contra, dos circunstancias que juntas son explosivas.
Por un lado se nos ha pedido, exigido, una labor similar a que te dejen encima de la mesa la Enciclopedia Británicay te pidan que la teclees, palabra a palabra, hoja a hoja, en un nuevo programa de texto. Así hemos tenido que volcar al nuevo programa todas las prescripciones, una a una, de todos los pacientes, uno a uno, de nuestro cupo.
Pero el problema no ha sido el reto sin par, estamos acostumbrados a eso y a más, sino que para ello nos han facilitado una herramienta llena de problemas. Es como si al teclear la Enciclopedia Británica, el teclado del ordenador escribiera una B cuando has tecleado una R, como si se desconectara con cierta cadencia, como si se  quedara en éxtasis, pensando y pensando, entre tu firme repiqueteo sobre el teclado y la aparición de los símbolos en el ordenador.
Una combinación perfecta: gasolina y fuego. Y curiosamente no ha explotado, porque los médicos hemos sido pacientes y cuidadosos, hemos hecho el trabajo, hemos mantenido el fuego alejado de la gasolina y nos hemos conformado con unas sesiones catárticas que no ha hecho temblar ninguna estructura ni ha puesto en peligro ningún puesto.
Y alguno pensará, sobre todo en los despachos y en las moquetas, que el muñequito de sonrisa bobalicona tiene motivos para hacerlo. Pues no. El programa, ya no es lo que era, ya no es el desastre total, ya no estamos en Defton uno, pero el programa no rueda como debiera.
NO HAY DÍA que el programa no tenga sus ratitos en los que se enlentece de forma sorprendente, nos amenace con infaustos hechos del pasado y nos muestre algún que otro error aleatorio según los días.
NO HAY DÍA en el que la firma electrónica diga que no reconoce a la firma electrónica. En una, dos, tres … ocasiones al día.
Citando a las fuentes de la administración, el programa emplea cerca del minuto en hacer una receta aguda. Pero eso está contabilizado sin tener en cuenta los efectos colaterales de los imprevistos que hemos mencionado.
Por eso me sorprende cuando leo en la web de Osarean que una de las ventajas de la e-receta es la  Optimización del tiempo. Los profesionales sanitarios, al dejar de realizar ciertas tareas administrativas, pueden dedicar más tiempo a sus actividades médicas y farmacéuticas. Puede que lo sea en el futuro a medio o largo plazo. A corto no lo es.
No hay que olvidar que hemos transitado del SUPRE hasta la e-receta pero que en medio hemos subido al Gólgota. Es como una etapa de montaña del Tour de Francia. Sales y llegas a la meta pero en medio te has subido el Tourmalet, el Aubisque y Alpe d´Huez. Sólo espero que San Pedro, cuando me presente con mis escasos méritos, reconozca mi Calvario y me diga: Has SU(P)FR(E)Ido, mamón, pero ahora tendrás la recompensa. Bienvenido al reino de los pacientes.