“La democracia no exige que sus ciudadanos dejen de creer en Dios, solo les pide que mantengan sus creencias encerradas en el espacio de su vida privada y toleren que las del vecino sean diferentes «. Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX ( Tzvetan Todorov)
Yo me considero Médico de nombre y de apellido Primarista. Hasta aquí normal. Todos nos ponemos apellidos y suele ser lo normal porque nos identifica. El problema es cuando nos ponemos apellidos que nos colocan en situaciones muy personales.
En las últimas semanas hay un grupo de médicos que han añadido a los suyos el apellido católicos. Son médicos católicos que además se añaden otro apellido, radicales. Y por supuesto, nada que objetar, allá cada uno con sus ideas y creencias personales …. hasta que esos apellidos entran en conflicto con los que no se apellidan igual y por mor de no sé qué inspiración divina, deciden que los que no se apellidan como ellos están fuera de todo código ético y deontológico.
Últimamente les tiene alborotados y activamente militantes la ley que intenta regular los momentos finales de la vida y sobre el cual ya he escrito alguna reflexión (1 y 2).
El otro tema que les tiene muy preocupados es la reforma del código deontológico en los aspectos que tocan el tema del aborto y la posibilidad de objetar.
Vaya por delante que soy partidario de que todo el mundo tenga derecho a objetar y que el tema debe ser regulado y respetado. Pero el tema de debate es donde está el límite de la objeción ya que la polémica no se plantea sobre la objeción del aborto en sí mismo, que eso ya lo recoge la ley sino que hay compañeros que piden poder objetar incluso del hecho de dar la información que requiera una usuaria.
Me he leído despacio los artículos del Código a los que se refieren en esta polémica y con todo el respeto del mundo tengo que decir que no entiendo la discrepancia. Leamos despacio:
El artículo 51.1 dice: “El ser humano es un fin en sí mismo, en todas las fases del ciclo biológico, desde la concepción hasta la muerte. El médico está obligado, en cualquiera de sus actuaciones, a salvaguardar la dignidad e integridad de las personas bajo sus cuidados”.
El artículo 55.1 dice “El médico está al servicio de preservar la vida a él confiada, en cualquiera de sus estadios”.
Deducir de estos artículos que el Código legitimiza el aborto es cuando menos una osadía y falta a la verdad (vamos, que mienten, a pesar de sus creencias, de forma deliberada)
Supongamos un caso hipotético. Soy médico (el único) en un pueblo pequeño y atiendo a una paciente joven pero mayor de edad que tras acudir por diversos síntomas sospecho que está embarazada lo que se confirma con una analítica. Tras la noticia vuelve al cabo de unos días para solicitarme información sobre donde debe acudir para abortar ya que ha decidido no continuar con el embarazo. Intento persuadirla de otras opciones y le ruego que lo piense. Tras unos días vuelve y me comunica que tras pensarlo y consultarlo con su entorno más próximo ha decidido seguir con su idea inicial e insiste en que le proporcione la información que precisa.
Mi conocimiento de su situación se ha desarrollado en el contexto de un acto médico. Si le niego la información apelando que esta acción de informar forma parte del acto de abortar (que ya es decir) ¿en qué situación coloco a la paciente? ¿Debe ir comunicando su estado aquí y acullá dado que yo se la niego?. ¿Su autonomía me la paso por el arco del triunfo? ¿Es esta postura, la de dejarla vendida y sin información, coherente con un cristianismo católico y además radical? Con esa actitud ¿en quien estoy pensando? ¿en ella o en mí, en un alarde de egoísmo sin límite?
Es evidente que se plantea una confrontación de intereses o de derechos. La paciente tiene derecho a ser informada de los trámites que debe seguir para poder ejercer un derecho que le otorga la ley y en contra está la conciencia de un profesional sanitario que cree que por informar de los tramites está participando activamente en ese aborto y por ello apela a su derecho a objetar. Si puedes delegar en otro profesional pues asunto arreglado pero si eres el único referente sanitario en tu entorno, la ley dice que informar no es participar en el aborto y que se debe cumplir con ese deber.
Deontológicamente la Comisión ha dicho bien claro que “este Código ha puesto especial cuidado en el respeto a la autonomía del paciente para cuyo ejercicio es imprescindible que el médico proporcione información adecuada, fidedigna y completa de forma que el paciente pueda tomar libremente sus decisiones. La información es un deber legal y deontológico ante el que no cabe la objeción de conciencia”
Los que disienten, no se limitan a hacerlo y a discrepar sino que han sacado la artillería pesada. Insultan de forma gratuita, llaman nazis a los que no piensan como ellos, apelan a que no todo lo justo es ético y es cierto. Pero de eso ellos saben mucho. Han sido muchos años de legalidad «bajo palio» e injusta, sigue siendo legal pero injusto que los que no pertenecemos a su cofradía la financiemos, pero sobre todo no es justo ni ético intentar imponer a toda una sociedad la forma de pensar de unos pocos que margina, etiqueta y estigmatiza a los que no piensan como ellos. Eso sí que raya en el nazismo. Por desgracia hemos vivido muy recientemente un caso terrible en Noruega y vivimos sin inmutarnos ante actos de radicalismo ideológico en el ámbito musulmán.
Cuidadito con los radicalismos que los carga el diablo.
PD: La publicación de este post en esta semana no es casual
