Hasta ahora se consideraba que un placebo no tenía ningún efecto pero las cosas están cambiando. Aún entre placebos hay claras diferencias. Son más efectivos si son inyectables, son más efectivos si son más grandes o de colores más llamativos y la bomba es que son más efectivos si son más caros.
Y esto nos pone en una situación retadora. ¿Si le dedicamos tiempo al caso, al paciente, si explicamos nuestras decisiones, etc, ¿aumentan los efectos terapéuticos del acto sanitario?
Lo que no tengo tan claro es si aumenta la capacidad bactericida del antibiótico o la inhibición de la bomba de protones es mayor con una dosis extra de empatía.
Visto lo visto se abre un claro campo para la investigación donde lo no tangible, lo no mensurable parece que tiene su importancia. Ahora habrá que plantearse los estudios frente al placebo, frente al placebo conocido, frente al médico empático y frente al médico borde (House por poner un ejemplo). Es decir, pasaremos del doble ciego a cuádruple ciego (aunque en el caso de que te toque House, de ciego va a tener poco). Todo un reto
Todo, hasta que vengan los «escépticos» para desmontar el chiringuito o un genio que descubra algún nuevo neurotransmisor que sea el mediador en estas situaciones.
Lo evidente es que lo único que sabemos es lo poco que sabemos y que no todo se puede explicar con un experimento científico repleto de evidencia
