Hoy me he sentido pequeño, muy pequeñito. Y es que soy muy fino. Lo que de verdad me he sentido es una puta mierda pinchada en un palo (con perdón).
¿Y por qué esta catarsis entre agria y virulenta? Pues porque me he pasado una buena parte de mi jornada de trabajo realizando una labor que me ha frustrado hasta las cachas, hasta mis vísceras mas profundas, hasta mis mismísimos huevos.
El nuevo sistema de visado electrónico de las prescripciones está resultando otro desatino funcional. Puede, y no le niego, que sea correcto en su diseño conceptual, que posea una buena funcionalidad en sus planteamientos teóricos, pero el despliegue real del sistema te obliga a hacer cosas y a perder tiempo en chorradas de alto voltaje.
Resulta que el problema son los pañales de incontinencia. Yo no sé como han implementado (que palabro mas bonito, implementar. Me pone) las antiguas recetas ya autorizadas en su día pero resulta que ahora salen denegada porque donde ponía una cosa parece que por debajo pone otra y el sistema lo rechaza.
El resultado es que me he tenido que dedicar una buena parte de mi jornada a borrar las prescripciones antiguas y a realizar las nuevas de forma correcta a la norma actual. Y me temo que la cosa se repetirá en los próximos días.
¿Y porqué me he dedicado a tan improductiva y frustrante tarea? Pues porque tengo el honor de ser el único ser bajo la tierra que está capacitado para tan alta y noble labor como es que a un paciente de 90 años se le puedan proporcionar unos pañales de incontinencia, ya que se mea y se caga, cosa habitual a su edad.
Ni la Concha Velasco con toda su experiencia en el tema está capacitada para tan alto fin. Para ello se necesita un licenciado en Medicina y Cirugía con la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria, experimentado en estas lides y que esté preparado para realizar un informe de algo evidente (el/la paciente se mea) y además realice la prescripción correspondiente. Y todo porque la forma de financiación de tan excelso «medicamento» se realiza a través del famoso cheque regalo (digo regalo porque como todos son pensionistas, aquí no paga ni dios), también conocido como receta.
Y gracias a que la persona que sufre conmigo ante estos avatares, una magnífica profesional enfermera, me ha proporcionado unas chuletas con unos códigos nacionales que han acelerado tan aburrida y frustrante labor y han evitado que me pierda en un mundo, en el que tengo que reconocer, que no soy un experto.
Y digo yo. Si la persona con la que colaboro en la consulta y que suele ser la encargada de explicarles a los pacientes estas cosas, que sabe y resabe mas que yo de estos temas, de los que no tengo ni pajolera idea (hay que ver lo que he aprendido hoy del insondable mundo de los pañales. Que si tallas , que si tipo de absorción, que si marcas, que si noche normal o supernoche…) no hubiera podido hacer, sino todo, si una parte de esta absurda tarea y así compartir la ira y la frustración que ha hecho que hoy me sintiera pequeñito. Muy pequeñito.
Y vivo sin vivir en mi, y tan alta vida espero, que muero porque no muero







