1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.
3. Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.
4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.
5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de «¿aún no me toca?»
6. En la sala de espera critique a la seguridad social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.
7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que están allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la seguridad social.
8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.
10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso de…. no sé, usted es el médico ¿no?.
11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, quince años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.
12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.
13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya encontrado en Internet sobre sus síntomas.
14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis, y haya encontrado novia.
15. El fonendo del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo; suyo, y de las dos abuelas.
16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.
17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el carro cuatro paquetes de gusanitos.
18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.
20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte : ¿y esto no será malo??
21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.
22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. Claro, como el que paga es el contribuyente.
23. Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta: Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros
Aquí, su paso no ha levantado precisamente pasiones y menos entre los Sindicatos a los que ha ninguneado con una habilidad pasmosa.
Pero no es ese el problema sino el vacío de referente.
Si nombran a uno nuevo, entre estate quieto y no te muevas, no le va a dar tiempo a nada de nada salvo que se tire de alguien muy currado dentro de la organización. La otra opción es que no se nombre a nadie y se delegue en el segundo del escalafón.
«Yo también te quiero, pero no me gustas tooooooooodo el tiempo»
El ingeniero llama a su can:
-¡Raíz cuadrada, enséñanos tu talento! La perra avanza hasta una pizarra y dibuja rápidamente un cuadrado, un círculo y un triángulo.
El contable dice a su perro:
-¡Balance, enséñanos lo que puedes hacer! El perro va hasta la cocina, y vuelve con una docena de galletas, y las apila en 3 montones iguales de 4 galletas.
El químico dice que su perro puede hacerlo mejor:
-¡Termómetro, haz tu número! El perro abre la nevera, coge un litro de leche, va al armario a conseguir un vaso de 10 cl. y vierte exactamente 8 cl. en el vaso sin derramar una gota.
El informático piensa que se va a quedar con todos:
-¡Disco duro, impresiónales! El perro se instala delante del ordenador, lo arranca, inicia el programa antivirus, envía un mail e instala un nuevo juego.
Los 4 hombres se vuelven hacia el funcionario y le preguntan:
Y tu perro, qué puede hacer?
-!Cafelito, enséñanos los talentos del funcionariado! El perro se levanta, hace un crucigrama en la pizarra, se come las galletas, se bebe la leche, juega un solitario en el ordenador, se monta a la perra del ingeniero y simula haberse lesionado la espalda en la labor, por lo que rellena un formulario de accidente laboral y coge una baja de seis meses.
Hoy he asistido a una clara demostración de lo vagos que son los funcionarios. Es sábado, hace un frio de cortar (un céfiro que transpasa el cutis, que diría un cursi) y he podido comprobar como más de cien funcionarios se han reunido en su día libre para realizar una actividad de formación continuada. Que yo sepa no les han pagado horas extras, ni les dan puntos para tener un moscoso mas ni na de na. Toda una mañana para ponerse al día en la gestión de los factores de riesgo cardiovascular. Así, por la jeta.